La Toxoplasmosis es una infección causada por el Toxoplasma gondii.  Este es un parásito protozoario intracelular estricto que produce infección en la mayoría de las especies de sangre caliente, incluido el ser humano. La toxoplasmosis se adquiere principalmente por la ingestión de carne semicruda e infectada y a través de ovoquistes procedentes de manos, agua o alimentos contaminados con heces fecales de animales infectados y por vía transplacentaria. También existe  riesgo de transmisión por transfusión o por trasplante de órganos o tejidos.

En individuos sanos la infección por Toxoplasma gondii suele ser asintomática y solo entre un 10% y un 20% de los pacientes con infección aguda puede desarrollar linfadenopatías (agrandamiento de los ganglios linfáticos).  En el caso de pacientes con SIDA y de pacientes inmunocomprometidos debido a quimioterapia o tratamiento inmunodepresor, puede provocar infecciones graves que pueden llegar a ser fatales.

En infecciones ocurridas por primera vez durante la gestación puede ocurrir transmisión transplacentaria del parásito lo que  trae como consecuencia la toxoplamosis congénita.  El riesgo de infección congénita se calcula entre 10% y 25% si se produce durante el primer trimestre y entre 60% y

90% si se produce durante el tercer trimestre. La gravedad de la infección congénita a la inversa, suele ser mayor cuando se adquiere durante el periodo inicial de la gestación. Las patologías más comunes son coriorretinitis, calificaciones intracraneales e hidrocefalia. La mayoría de los recién nacidos infectados hacia el final de la gestación suelen ser asintomáticos al nacer y presentar secuelas más tarde.

Se ha demostrado que el diagnóstico prenatal de la infección primaria por Toxoplasma gondii, seguido de un tratamiento prenatal, reduce la frecuencia y la gravedad de la toxoplasmosis congénita. Para identificar a las mujeres seronegativas que deben someterse a supervisión durante la gestación, se pueden utilizar análisis serológicos en búsqueda de anticuerpos específicos contra T. gondii. La presencia de anticuerpos IgG frente a T. gondii indica existencia de infección presente o pasada. Los anticuerpos IgM se detectan en individuos que presentan una infección reciente y pueden mantenerse elevados hasta 18 meses después. Para diferenciar una infección pasada de una reciente, los especímenes positivos para IgM e IgG se deben analizar para determinar la avidez de IgG. Un índice de avidez alta de anticuerpos IgG es un indicador fiable de que la infección tuvo lugar como mínimo 4 meses antes. La detección de ADN del parásito en muestras biológicas, mediante técnicas moleculares como PCR constituye una alternativa válida para la confirmación de toxoplasmosis.